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La mujer me había encargado aquella foto
y lo seguí
a sol y a sombra lo seguí
atravesando la ciudad y el parque
caliente el disparador
aquel hombre caminaba y caminaba
y yo le tomaba fotografías
pasando frente al cine
deteniéndose en las esquinas
amagando varias veces entrar a un bar.
Lo seguí calculando el ángulo perfecto
la hora ideal en la que el sol
mayúsculo e imponente parecía
intentar complacerme
colocándose detrás de mí
y lo seguí
pisando las huellas de su impaciencia
hasta que me di cuenta
que mi persecución sería inútil
que aquel hombre jamás regresaría
y tal vez
no tenía sentido revelar aquellos rollos
para lastimar a una mujer
que podría muy bien ser feliz
ocupada sólo en esperar.
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